mayo 28, 2010

¿Justicia indígena?

mayo 28, 2010 2
por Héctor Yépez Martínez


“Esa justicia es corrupta, no hace nada, no sirve”. Según El Universo, así calificó a los tribunales estatales un dirigente durante la “purificación” de Orlando Quishpe, reo de asesinato y víctima de la ortiga por decisión de la justicia indígena en La Cocha. Casi un año atrás, en abril de 2009, se difundió el caso de José Toapanta Chicaiza y Mauricio Toapanta Vargas, acusados de robo y condenados a la ortiga en Cochapamba, bajo la euforia de 500 indígenas. Rafael Toapanta aclaró que “policía coge delincuentes y al poco tiempo la justicia los libera y salen más vengativos” y que por ello deciden “no entregarlos al juez, sino hacer justicia en nuestra comunidad”, donde, eso sí, “no les vamos a matar ni a quemar”. Un mes antes, en Canchagua, un hombre había sido torturado y quemado. En Zumbahua, mataron a dos mujeres adúlteras. Esta semana Vistazo narra que, en Loreto, “calcinados quedaron los cuerpos de los primos Víctor Naranjo Morejón y Pedro Velasco Morejón (…) luego de ser ajusticiados por una familia perteneciente a la nacionalidad quichua”. ¿Por qué? Según el sospechoso, “el pueblo eligió que se quemen”.

Refiriéndose a la tortura de Orlando Quishpe, Rafael Correa —hoy en contienda política contra el movimiento indígena—, la tildó de “monstruosidad”. Explicó que, como el delito juzgado no era un simple robo, sino un asesinato, “obviamente ya no caben prácticas ancestrales sino la justicia nacional”, de manera que la justicia indígena era incompetente. “Pongámonos de acuerdo, ¿quieren ser ecuatorianos o no?” En su opinión, incluso la sola retención de Quishpe es un delito de “secuestro”.

mayo 21, 2010

El TLC y el proteccionismo, ¿De quién nos protegemos?

mayo 21, 2010 5
Por: Juan Pablo Martínez Guzmán

¿Queremos o no un TLC? El eterno debate. Hace algunos años teníamos manifestaciones en contra de la firma de este tipo de acuerdos. Ahora, con un Gobierno completamente opuesto a la idea de firmar un TLC, tenemos quejas de empresarios que aseguran que se verán afectados por esta decisión. El hecho de que Perú y Colombia hayan firmado un TLC con la Unión Europea añade presión a la decisión del Presidente Correa.

El principal punto a favor de la firma de un TLC es bastante obvio: las dos partes expanden sus mercados. Si se agrandan los mercados, Ecuador podrá exportar más, generando más riqueza, lo cual reduce el desempleo y crea más ingreso fiscal en forma de impuestos. Además, el beneficio de un TLC no es ‘repartido’ únicamente entre los exportadores. Todos los que vivimos en el Ecuador nos beneficiamos de una gama de productos más extensa y a menor precio. ¿Mencioné ya la creación de más empleos?

Por el mismo camino llega el punto negativo. ¿Qué pasa si nos llenamos de productos europeos y todos nos vamos a la quiebra? Es que Europa es mucho más grande y seguramente sólo quieren volver a colonizarnos pero de una forma más moderna. ¡Qué brutos los peruanos y los colombianos que lo firmaron! Pero qué pena que ese no sea el caso, no por que quisiera que peruanos o colombianos tomen malas decisiones, sino porque una vez más los brutos somos nosotros.

No es verdad que los Tratados de Libre Comercio se limitan a eliminar todos los impuestos al comercio entre países. Los TLC son acuerdos muy complejos que conllevan un extenso análisis. Por ejemplo, Colombia negoció con la Unión Europea que ciertos sectores se liberen en cinco años, otros en siete, otros después. Esto permite a la industria colombiana desarrollarse y mejorar su competitividad para poder lidiar con su contraparte europea. ¿Qué les parece? ¡No los van a colonizar de nuevo!

Lo que pasa es que en el párrafo anterior dije una palabra prohibida en el argot del glorioso Socialismo del Siglo XXI. Esa palabra es competitividad. Más fácil es salir a las calles a quejarse del TLC que prepararse y mejorar las técnicas de producción para competir con los europeos. Y no, no hay que llegar al punto de ser iguales o mejores que los europeos para mantener nuestro mercado interno. Los costos de transporte se encargarán de eso. Hace doscientos años el economista David Ricardo se dio cuenta que dos países pueden ganar con el comercio internacional a pesar de ser uno absolutamente superior al otro.

Parece que de tanto prevenir una posible enfermedad, la acabamos teniendo. Tanto proteccionismo y a las finales nuestras industrias quiebran por sí mismas. El miedo a que si abrimos las fronteras nos freguemos, nos ha llevado a fregarnos solitos. En el Ecuador pagamos precios increíbles por productos que son regalados en otros lugares. En la primera clase de ‘Economía Internacional 1.1’ el profesor explica como el proteccionismo lo terminan pagando, al menos en parte, los consumidores comunes y corrientes. ¡Qué mal día escogió Correa para faltar a clases!

Correa y Patiño irán a negociar un convenio integral con la Unión Europea. Me encantaría saber qué significa integral en términos de aranceles. No creo que vayamos a proponer a los europeos que nosotros podamos exportarles toditito, pero que sus productos sigan con aranceles. No creo que sean tan gentiles como el malvado imperio norteamericano que nos mantiene la APTDEA a pesar de que los sacamos de Manta ‘como a perros’.

A mediano plazo, la competitividad colombiana y peruana crecerá (así como su bienestar) y nosotros seguiremos igual o peor. No se sorprendan de que después queramos eliminar el pacto de la Comunidad Andina para ‘protegernos’ de ellos. Ojalá pudiéramos firmar un tratado para protegernos de nosotros mismos.

mayo 14, 2010

La regla de oro: indígenas y forajidos

mayo 14, 2010 5
por Héctor Yépez Martínez


“No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Máxima sencilla, y a la vez profunda, que ha sido emblema de todas las religiones, de todos los ordenamientos jurídicos y de todos los sistemas morales que han encaminado el buen convivir de los hombres a lo largo de la historia.

Como casi todas las cosas que realmente valen la pena, se trata de un mensaje corto, conciso, cuya aparente simplicidad, cuando se lleva a la vida cotidiana, destella una curiosa multiplicidad de anécdotas y enseñanzas. Entonces se descubre mucho de la naturaleza humana: su necesidad natural de regirse por principios tan pequeños como fecundos, tan obvios como vitales. También se descubre el vacío que usualmente acompaña al palabrerío del fanfarrón.

Esta piedra angular de las relaciones sociales conlleva, inexorablemente, una justa venganza: quien infringe esta “regla de oro” suele convertirse en víctima arrepentida de su quebrantamiento.

mayo 07, 2010

El Bono… ¿del desarrollo?

mayo 07, 2010 9
Por: Juan Pablo Martínez Guzmán

Hace poco se escuchó decir al presidente Correa que revisará algunos de los costosos subsidios que tiene el Estado ecuatoriano. ¡Finalmente! Y es que los programas del Estado deberían ser constantemente evaluados, no sólo cuando al presidente se le ocurre. Pero bueno, digamos que es parte de la idiosincrasia del subdesarrollo… mientras no molesta no se toca.

Lamentablemente, esta revisión parece que no incluirá al Bono del Desarrollo Humano. No sorprende. Como dije, ¿para qué revisarlo? Si el programa funciona perfectamente, argumentarán algunos. Claro que funciona… El Estado reparte el bono. La parte de la población ecuatoriana que está dentro del rango de pobreza (aproximadamente el 40%) lo recibe. Luego, el desarrollo llega y finalmente dejan la perpetua pobreza. Perdón, ¿qué no dejan de ser pobres? Bueno, quizás no, pero seguramente su condición de vida mejoró mucho… ¿o no?

Revisemos. A principios de este milenio el Gobierno ecuatoriano decidió modernizar el Bono añadiéndole dos funciones fundamentales: la adopción del reconocido método SelBen para medir la pobreza y la transformación del bono en un sistema de transferencia condicionada de dinero. A través del método SelBen se puede determinar correctamente quienes lo deben recibir. Esto se logra revisando las condiciones de vida del posible beneficiario (tipo de vivienda, entre otros) en lugar de medir únicamente sus ingresos (una persona dejaba de ser pobre el día que conseguía un empleo). Por su parte, la transformación del bono en un sistema de transferencia condicionada de dinero, obliga al beneficiario a cumplir ciertas condiciones para poderlo recibir.

A partir del año 2003 los beneficiarios del bono deben, en teoría, demostrar que están haciendo su parte por mejorar la educación y salud de sus hijos. Esto se mide a través de la obligatoriedad de llevar a sus hijos menores de seis años a que se realicen chequeos médicos, y de enviarlos a la escuela desde los seis hasta, como mínimo, dieciséis años de edad. Económicamente, el objetivo de esta estructura es transformar al bono en una inversión que dará sus frutos cuando las siguientes generaciones lleguen a su edad laboral y, gracias a su buena salud y educación, se conviertan en una generación más productiva que logrará salir de la pobreza y mejorar la competitividad internacional del Ecuador. ¡Excelente!

Pero, ¿qué es lo que sucede en realidad? Lo positivo es que el Ecuador no está tan mal en la mayoría de indicadores dirigidos a educación y salud. Por ejemplo, Ecuador tiene uno de los mejores niveles de matriculación escolar del continente: alrededor del 97% de los niños se matriculan para el primer año de educación primaria. Tampoco piensen que todos los indicadores son tan bonitos. Por ejemplo, en matriculación secundaria el Ecuador cae vertiginosamente, y en temas de salud nos mantenemos tibios, es decir, lejos de los horrorosos números bolivianos, pero también lejos de los admirables resultados chilenos.

Evitando el conformismo de no ser los peores, hay que pensar en cómo mejorar. Ahí es donde entra el Bono. Países como México y Brasil han logrado grandes resultados con programas muy similares. Principalmente el programa mexicano, llamado ‘Oportunidades’, se ha convertido en motivo de admiración internacional. Este programa ha conseguido mejorar sustancialmente los niveles de salud en México. Estudios internacionales muestran que en Ecuador no se producen los mismos resultados. ¿Por qué? Primero, en México sí se revisa el cumplimiento de los condicionamientos por parte de los beneficiarios. En Ecuador, aproximadamente tres cuartas partes de los beneficiarios ¡no saben que existen condicionamientos! Segundo, en México la atención médica se extiende a todo la familia, incluye charlas preventivas, se distribuyen vacunas, se brindan suplementos nutricionales. En el Ecuador simplemente se entrega un bono.

A fin de cuentas, igual parece que cada país está cumpliendo sus objetivos. En el Ecuador se proclama el éxito porque el valor de la transferencia se ha triplicado en menos de diez años (y representa aproximadamente el 1% del PIB). En México, el éxito se mide a través de varios indicadores de salud que muestran que las condiciones de vida de sus beneficiarios realmente mejoran.

El Bono del Desarrollo Humano tiene potencial para brindar excelentes resultados en nuestra lucha por lograr un desarrollo económico sostenible (léase, salir de la pobreza y disminuir el riesgo de recaer en ella). Si bien es cierto, mejorar el bono no es tarea fácil. Una de las mayores adversidades está en mejorar los caóticos sistemas de salud y educación que tiene este país. Pero, ¿qué tal si al menos se empieza por contarles a quienes lo reciben que deberían cumplir con ciertos requisitos (para su bien)? ¿Qué tal si la próxima vez que se realicen cambios se piense primero en incluir campañas preventivas de salud en lugar de su demagógico aumento de valor? Y lo más importante, ¿qué tal si empezamos a medir su éxito según cuánta gente deja de depender de él, en lugar de cuánta gente más lo recibe? ¿Les parece razonable?
 
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