Por: Juan Pablo Martínez Guzmán
El título de este artículo es la traducción del que utilizó la revista The Economist el pasado 11 de septiembre para su reportaje especial acerca de América Latina. En este reportaje, la prestigiosa revista analiza la evolución y, más que nada, la situación actual de nuestra región. Como pocas veces antes el panorama es alentador. Sin embargo, hay que tener en cuenta que todavía quedan muchos obstáculos en el camino. Revisemos un poco lo que aparece en dicho análisis.
Hay algunas buenas noticias respecto al desempeño regional. Entre los años 2002 y 2008 alrededor de cuarenta millones de latinoamericanos salieron de la pobreza. Además, los cinco años previos al 2008 han sido, económicamente, los mejores para América Latina desde la década de los sesenta. El crecimiento promedio ha sido del 5,5% anual y la tasa inflacionaria se ha mantenido, en general, por debajo del diez por ciento anual.
En los últimos treinta años la región también ha fortalecido su democracia. Incidentes como el de Honduras son ahora aislados y Cuba es el único país que atraviesa una dictadura. En general, los países latinoamericanos gozan de elecciones justas, aunque algunos en menor medida
Los mercados internacionales se ven cada vez más atraídos hacia América Latina. Los inversionistas ya no sólo ven a Brasil y México como opciones de inversión, sino que países como Chile, Colombia, Panamá y Perú resultan cada vez más atractivos.
Ahora pasemos a los puntos negativos. Una de las principales vulnerabilidades de América Latina es su dependencia de la exportación de productos no procesados, los cuales representaron el 52% de las exportaciones regionales durante esta última década. El auge industrial de países como China e India ha ocasionado que la demanda por nuestros productos sea alta, y por lo tanto, también su precio. Sin embargo, esta situación no durará necesariamente para siempre y nuestros países deben protegerse de la volatilidad en precios que generalmente marca a los mercados no industrializados.
A esto último hay que sumarle la baja productividad latinoamericana. Con la excepción del sector agrícola, la región tiene resultados muy pobres en cuanto a eficiencia y productividad laboral. Un buen ejemplo es el hecho de que el transporte naviero puede ser más caro desde América Central hacia los EEUU, que desde China a este último. Hay varios causantes que se pueden atribuir a nuestra baja productividad. Por ejemplo, los niveles de ahorro e inversión se mantienen muy bajos en América Latina. Altos impuestos laborales restringen la participación de nuestra población en el sector formal (cabe recalcar que el sector informal es nocivo para la productividad). Mala infraestructura y poca competitividad son otros de los causantes.
Por último, el crimen y la violencia es un mal que se ha adherido muy fuertemente a algunos países de la región. La lista de estos países es cada vez más grande, siendo El Salvador, Venezuela, Guatemala, Honduras, Colombia, Brasil y México los más afectados, en ese orden, al medirlos por el número de asesinatos per cápita en cifras del año 2006.
Ecuador no es nombrado en muchas ocasiones en este reportaje, aunque llaman la atención principalmente tres menciones. En primer lugar, consideran que Correa se está ‘distanciando discretamente’ de Hugo Chávez. En segundo lugar, dentro de la región con más desigualdades en el mundo, somos el país que, al menos, redujo esa brecha en mayor nivel del año 2000 al 2006. Por último, al año 2008 Ecuador es el segundo país en el que el fisco es más dependiente de los ingresos por recursos naturales (llámese petróleo) acumulando más del 40% de nuestras recaudaciones tributarias. Venezuela es el primero.
¿Qué lecciones nos deja el análisis de The Economist? En lo personal, considero que el Ecuador, en particular, se identifica fuertemente con los obstáculos que he mencionado para la región, en general. Nuestra dependencia del petróleo puede pasarnos factura si es que no se desarrolla nuestro sector privado. Estamos ante una oportunidad única de aprovechar nuestros grandes ingresos fiscales para poner al país en marcha mediante el emprendimiento y la inversión productiva. Ojalá que este nuevo ‘boom’ petrolero no pase a la historia como los famosos ‘boom’ bananero y cacaotero, cuyos beneficios son, hoy en día, muy difíciles de encontrar.
septiembre 24, 2010
septiembre 19, 2010
Un país educado, II
septiembre 19, 2010
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por Héctor Yépez Martínez
En mi artículo anterior, expuse el panorama trágico donde está sumergido —¿sin salida?— nuestro sistema educativo. Con justicia se me podría reprochar: usted se ha quejado de nuestra educación, ¿pero qué sugiere? A continuación propongo un par de ideas.
Uno de nuestros principales problemas es la ausencia de profesores bien instruidos, bien pagados y bien reconocidos, que habitual y profesionalmente se dediquen a la enseñanza y a la investigación académica. Veamos cuáles son las causas de estas deficiencias.
En cuanto a la instrucción, falta un serio y, sobre todo, incorruptible sistema para fiscalizar la calidad académica de los maestros, así como un sistema para expulsar, implacablemente, a los profesores incompetentes. Alguno replicará que para expulsarlos hay que tener primero el reemplazo, y si la media ecuatoriana no es tan culta, se generará un vacío que no se puede llenar. ¿Solución? Expulsemos a los profesores malos hasta el número en que podamos reemplazarlos con profesores buenos. Y si ya no hay más, pues creemos métodos para mejorar la formación académica de los menos aventajados.
En mi artículo anterior, expuse el panorama trágico donde está sumergido —¿sin salida?— nuestro sistema educativo. Con justicia se me podría reprochar: usted se ha quejado de nuestra educación, ¿pero qué sugiere? A continuación propongo un par de ideas.
Uno de nuestros principales problemas es la ausencia de profesores bien instruidos, bien pagados y bien reconocidos, que habitual y profesionalmente se dediquen a la enseñanza y a la investigación académica. Veamos cuáles son las causas de estas deficiencias.
En cuanto a la instrucción, falta un serio y, sobre todo, incorruptible sistema para fiscalizar la calidad académica de los maestros, así como un sistema para expulsar, implacablemente, a los profesores incompetentes. Alguno replicará que para expulsarlos hay que tener primero el reemplazo, y si la media ecuatoriana no es tan culta, se generará un vacío que no se puede llenar. ¿Solución? Expulsemos a los profesores malos hasta el número en que podamos reemplazarlos con profesores buenos. Y si ya no hay más, pues creemos métodos para mejorar la formación académica de los menos aventajados.
septiembre 11, 2010
El gran líder humanitario y revolucionario
septiembre 11, 2010
1
Por: Juan Pablo Martínez Guzmán
Durante un día pensamos que Castro había abierto los ojos. Cincuenta años después de la Revolución Cubana, leíamos que el tan humanitario y revolucionario Fidel Castro había admitido que el sistema que impuso no funciona. Sin embargo, esto ha sido sólo un error de interpretación. Parece que mantener a los cubanos en Cuba por decreto y ver como miles arriesgan sus vidas por escapar, no es suficiente para notar que algo no funciona bien. ¿Acaso tiene sentido que su Revolución, siempre justificada en traer bienestar y mejorar las condiciones de vida de los cubanos, los obligue a arriesgar su vida por dejar su país?
Tan malas son las condiciones de vida en Cuba que los cubanos arreglan matrimonios de conveniencia para poder vivir en Ecuador, mientras millones de ecuatorianos emigran a EEUU y Europa en busca de mejor vida.
Un muy buen profesor que tuve en la universidad nos contó una anecdótica historia de su visita a Cuba. Mientras él esperaba a su esposa en el lobby del hotel, una joven cubana se le acercó a ofrecerle sus servicios de prostituta por cien dólares la noche. Mi profesor, cuyo nombre reservo, decidió darle una propina menor a cambio de que ella le comente acerca de su condición de vida. La realidad era que ella tenía una Maestría en Ingeniería Industrial, a pesar de lo cual solo accedía a un salario máximo de 15 dólares al mes. Ejercía de prostituta porque cada noche le significaba más de seis meses del sueldo que su preparación académica le hacía merecedora.
La tan humana revolución carece de naturaleza humana. Justificado por repartir raciones de alimentos y salud gratuita, Fidel Castro priva a los cubanos de todo tipo de libertad. Si piensas diferente te asesinan o vas preso. Y mejor que no tengas aspiraciones de una mejor vida, porque esa no es una opción.
A esto se suma el insulto a la inteligencia de los cubanos. Castro es tan democrático que mantiene una pantomima de elecciones en un país en el que su partido es el único que existe. Seguramente estas elecciones le ayudan a dormir tranquilo.
¿Cuánto tiempo les tomará a los hermanos Castro darse cuenta del desastre que es Cuba? Lo peor es que un poco más al sur somos víctimas de la misma ceguera. En Abril, Raúl Castro anunciaba que Cuba y Venezuela son ‘cada día la misma cosa’, mientras abrazaba al tan humanitario y revolucionario Hugo Chávez. Este último estaba muy orgulloso por el ‘cumplido’.
En Enero del año pasado un líder ecuatoriano, tan sabedor de todas las ciencias creadas por el hombre, alabó los grandes resultados de la Revolución Cubana. Seguramente son tanto o aún más evidentes que los de su Revolución Ciudadana. Supongo que ustedes saben de qué humanitario y revolucionario líder ecuatoriano estoy hablando.
Durante un día pensamos que Castro había abierto los ojos. Cincuenta años después de la Revolución Cubana, leíamos que el tan humanitario y revolucionario Fidel Castro había admitido que el sistema que impuso no funciona. Sin embargo, esto ha sido sólo un error de interpretación. Parece que mantener a los cubanos en Cuba por decreto y ver como miles arriesgan sus vidas por escapar, no es suficiente para notar que algo no funciona bien. ¿Acaso tiene sentido que su Revolución, siempre justificada en traer bienestar y mejorar las condiciones de vida de los cubanos, los obligue a arriesgar su vida por dejar su país?
Tan malas son las condiciones de vida en Cuba que los cubanos arreglan matrimonios de conveniencia para poder vivir en Ecuador, mientras millones de ecuatorianos emigran a EEUU y Europa en busca de mejor vida.
Un muy buen profesor que tuve en la universidad nos contó una anecdótica historia de su visita a Cuba. Mientras él esperaba a su esposa en el lobby del hotel, una joven cubana se le acercó a ofrecerle sus servicios de prostituta por cien dólares la noche. Mi profesor, cuyo nombre reservo, decidió darle una propina menor a cambio de que ella le comente acerca de su condición de vida. La realidad era que ella tenía una Maestría en Ingeniería Industrial, a pesar de lo cual solo accedía a un salario máximo de 15 dólares al mes. Ejercía de prostituta porque cada noche le significaba más de seis meses del sueldo que su preparación académica le hacía merecedora.
La tan humana revolución carece de naturaleza humana. Justificado por repartir raciones de alimentos y salud gratuita, Fidel Castro priva a los cubanos de todo tipo de libertad. Si piensas diferente te asesinan o vas preso. Y mejor que no tengas aspiraciones de una mejor vida, porque esa no es una opción.
A esto se suma el insulto a la inteligencia de los cubanos. Castro es tan democrático que mantiene una pantomima de elecciones en un país en el que su partido es el único que existe. Seguramente estas elecciones le ayudan a dormir tranquilo.
¿Cuánto tiempo les tomará a los hermanos Castro darse cuenta del desastre que es Cuba? Lo peor es que un poco más al sur somos víctimas de la misma ceguera. En Abril, Raúl Castro anunciaba que Cuba y Venezuela son ‘cada día la misma cosa’, mientras abrazaba al tan humanitario y revolucionario Hugo Chávez. Este último estaba muy orgulloso por el ‘cumplido’.
En Enero del año pasado un líder ecuatoriano, tan sabedor de todas las ciencias creadas por el hombre, alabó los grandes resultados de la Revolución Cubana. Seguramente son tanto o aún más evidentes que los de su Revolución Ciudadana. Supongo que ustedes saben de qué humanitario y revolucionario líder ecuatoriano estoy hablando.
septiembre 04, 2010
Un país educado
septiembre 04, 2010
1
por Héctor Yépez Martínez
Rafael Correa una vez dijo haber llorado de rabia cuando estudiaba en el extranjero, por la pobre educación universitaria que recibió en nuestro país. Con ello, hirió en ese entonces el ego de todos los “pedagogos” de nivel superior, sobre todo aquellos de la universidad donde se había graduado de economista. Pero lo cierto es que, más allá de herir susceptibilidades, el Presidente dijo una verdad enorme: la educación en Ecuador da ganas de llorar.
Según El Universo, la Subsecretaria de Apoyo y Seguimiento a la Calidad Educativa recién aseveró que el currículum académico ha sido el mismo por 14 años. ¡Catorce años! Asumiendo que en esa época nuestro currículum haya estado actualizado —lo cual sinceramente dudo—, parece entonces que nuestros jóvenes se han perdido todas las novedades de la biología, las matemáticas, las ciencias sociales, la lingüística, la física, la química, la literatura… y se quedaron estancados en 1996.
En el plano universitario, el problema es sumamente grave. Hablaré de mi profesión de Derecho, donde, no obstante, la formación de tercer nivel en nuestras “buenas” universidades suele ser mejor a la formación promedio en otras carreras —gracias a Dios, algunos excelentes abogados todavía se dedican a dar clases.
Rafael Correa una vez dijo haber llorado de rabia cuando estudiaba en el extranjero, por la pobre educación universitaria que recibió en nuestro país. Con ello, hirió en ese entonces el ego de todos los “pedagogos” de nivel superior, sobre todo aquellos de la universidad donde se había graduado de economista. Pero lo cierto es que, más allá de herir susceptibilidades, el Presidente dijo una verdad enorme: la educación en Ecuador da ganas de llorar.
Según El Universo, la Subsecretaria de Apoyo y Seguimiento a la Calidad Educativa recién aseveró que el currículum académico ha sido el mismo por 14 años. ¡Catorce años! Asumiendo que en esa época nuestro currículum haya estado actualizado —lo cual sinceramente dudo—, parece entonces que nuestros jóvenes se han perdido todas las novedades de la biología, las matemáticas, las ciencias sociales, la lingüística, la física, la química, la literatura… y se quedaron estancados en 1996.
En el plano universitario, el problema es sumamente grave. Hablaré de mi profesión de Derecho, donde, no obstante, la formación de tercer nivel en nuestras “buenas” universidades suele ser mejor a la formación promedio en otras carreras —gracias a Dios, algunos excelentes abogados todavía se dedican a dar clases.
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